Valeria tardó tres días.
No porque dudara, sino porque quería estar segura de que lo que sentía no era el alivio del final de una guerra sino algo que existía por sí mismo, independientemente de todo lo que había ocurrido antes. Quería mirar la respuesta a la luz del día, en distintos momentos y con distintos estados de ánimo, y seguir viéndola igual. Quería que fuera sólida. Que no dependiera de nada externo para sostenerse.
El primer día pensó en el contrato que Don Máximo había firmado por e