La habitación 312 estaba igual que siempre.
Valeria entró sin dudarlo.
Alejandro estaba recostado con los ojos cerrados cuando ella llegó, pero los abrió antes de que ella dijera nada, antes incluso de que sus pasos terminaran de sonar en el suelo de linóleo. Como si hubiera aprendido a reconocerlos en ese pasillo durante todos todo el tiempo que llevaba allí, esperando visitas que a veces llegaban y a veces no.
Estaba más delgado que la última vez. La leucemia había seguido haciendo su trabajo