Capítulo 40.
POV Valeria
Quince días habían pasado desde aquel atentado que casi me arrebata a Armando. Su recuperación había sido lenta, pero finalmente, el día anterior, los médicos le dieron el alta. Yo lo acompañé a la mansión en las afueras, un lugar que hasta ese momento solo conocía de oídas.
La primera vez que crucé el portón de hierro sentí que entraba a otro mundo. El camino estaba bordeado por robles altos, y al final se erguía la mansión: imponente, de fachada blanca y columnas majestuosas, con ventanales que reflejaban el sol de la tarde. El jardín delantero parecía sacado de una postal, con fuentes de agua y flores bien cuidadas. En contraste con su apartamento de lujo en la ciudad, aquel lugar respiraba historia, poder… y soledad.
Armando insistió en que nos quedáramos allí, lejos del bullicio del centro y de las miradas curiosas. “Aquí estaremos seguros”, me dijo, aunque su mirada cargada de sombras me revelaba que lo suyo era más instinto que certeza.
Apenas nos habíamos instalado