Capítulo 36.
POV VALERIA.
El reloj de la sala de espera parecía burlarse de mí. Cada tic tac era un recordatorio cruel de que Armando seguía en algún lugar detrás de esas puertas metálicas, inconsciente, atrapado entre la vida y la muerte. Las luces blancas del hospital no daban descanso; eran demasiado frías, demasiado despiadadas. Llevábamos horas allí y nadie salía a decir nada.
Me mordía las uñas, algo que no hacía desde niña. Cintia aun pálida por el susto seguía a mi lado, Adrián fingía calma leyendo