Capítulo 22.
Valeria
Apenas crucé la puerta de la enfermería, las lágrimas que había contenido explotaron en mis mejillas. No pude fingir más. Mi pecho se encogía con cada sollozo, como si el aire no me alcanzara.
Cintia corrió hacia mí y me envolvió en un abrazo desesperado.
—Tranquila, Valeria… ¿qué pasó? ¿Quién es esa mujer?
Apreté los ojos, obligándome a decirlo en voz alta, aunque me quemara.
—La madre… de la hija de Esteban. —Las palabras me supieron a veneno—. Y, Adrián… secuestraron a Vanessa.
El ro