Capítulo 23.
Armando
Han pasado dos días desde que llegué a Brasil. El aire húmedo de la selva se pega en la piel como una segunda capa, y el olor a tierra mojada y vegetación podrida se mezcla con el de la pólvora que aún llevo en las manos.
Mis hombres y yo logramos desmantelar varios campamentos guerrilleros, quemamos cargamentos de armas y liberamos a un par de aldeanos que habían sido secuestrados para trabajar como esclavos. Sin embargo, alias Maduro logró escurrirse de mis dedos en el último momento.