Capítulo 19.
Valeria
Esa tarde, después de hablar con Cintia y lograr que dejara de llorar en mi oficina, me quedé unos minutos sola, procesando todo. La vida podía ser cruel. Pensar que esa muchacha, tan responsable y dedicada, estaba al borde de perderlo todo, mientras yo tenía una mansión enorme que se me hacía un castigo… no era justo. Pero al menos había hecho lo correcto: darle un hogar a ella y a su familia.
Acomodé algunos papeles sobre mi escritorio, tratando de recomponerme, cuando la puerta se abrió sin previo aviso.
Era Armando Martínez.
Se apoyó en el marco de la puerta, imponente como siempre, con ese traje negro que parecía hecho a su medida y esos ojos oscuros que no daban tregua.
—Necesito hablar contigo, Valeria. En privado.
Mi respiración se agitó de inmediato. No sabía por qué siempre me pasaba lo mismo con él. Era como si mi cuerpo lo reconociera antes que mi razón.
—Claro… —dije, poniéndome de pie—. Podemos pasar a la sala de juntas.
Él negó con la cabeza.
—No. En tu oficina.