Capítulo 18.
Valeria
Salí de la habitación casi de puntillas, cuidando que Armando no se despertara. Su respiración profunda llenaba el silencio, y por un instante me quedé mirándolo desde la puerta. Dormía como si nada, con el cabello revuelto y ese cuerpo que parecía tallado por dioses. Maldito hombre. Me había dejado exhausta, como si en cada encuentro encontrara la forma de drenar cada gota de energía que tenía.
Cerré suavemente la puerta y caminé por el pasillo del hotel con el cuerpo adolorido. Apenas