Capítulo 114.
Pov Valeria.
El frío del cemento se metía en mis huesos. La bodega donde me tenían prisionera parecía un ataúd sin tapa: paredes oxidadas, una lámpara colgando que parpadeaba cada tanto, y el sonido constante del agua goteando en algún rincón. El aire olía a humedad, a cigarrillos apagados y a óxido. Cada respiración me recordaba que estaba viva, pero también que podía ser la última.
Tenía las muñecas atadas, y cada movimiento me hacía sentir cómo la cuerda se hundía en la piel. Estaba agotada,