AURA.
—Tu vestido —me dice, observando el hombro rasgado—. No podemos salir así.
Se quita rápidamente su saco de traje, un blazer de lana oscura de corte impecable, y lo coloca sobre mis hombros, cubriendo el desgarro. El calor del tejido es instantáneo, y el olor a su perfume, El Villano, me envuelve, una mezcla extraña de confort y peligro.
Salimos del pasillo lateral con la máxima compostura que podemos simular. La urgencia es nuestra única guía.
Atravesamos el salón de gala. Christopher cam