AURA.
—Tu vestido —me dice, observando el hombro rasgado—. No podemos salir así.
Se quita rápidamente su saco de traje, un blazer de lana oscura de corte impecable, y lo coloca sobre mis hombros, cubriendo el desgarro. El calor del tejido es instantáneo, y el olor a su perfume, El Villano, me envuelve, una mezcla extraña de confort y peligro.
Salimos del pasillo lateral con la máxima compostura que podemos simular. La urgencia es nuestra única guía.
Atravesamos el salón de gala. Christopher camina a mi lado, la sangre de Keller mancha su camisa blanca y sus nudillos están hinchados, pero su postura es la de un hombre que controla el universo. Yo me aferro a su saco, con la cabeza gacha, intentando pasar inadvertida.
La gente nos mira, pero nadie se atreve a preguntar por qué el gran Christopher Jones sale de la gala con la camisa manchada y su acompañante cubierta. El miedo y el respeto son escudos poderosos.
Llegamos a la entrada. David, el conductor, aparece de inmediato, alertado p