CRHIS.
Salgo de la habitación como un demonio, con la sangre hirviéndome en las venas y los puños tan apretados que siento que mis propios huesos van a crujir. El eco del golpe que Aura recibió resuena en mi cabeza como si me lo hubieran dado a mí. Ese infeliz. Ese cobarde puso sus manos sobre ella.
Escucho los pasos rápidos de Aura detrás de mí, sus súplicas intentando frenar lo inevitable.
—¡Christopher, detente! —me grita, alcanzándome en el pasillo—. ¿Qué vas a hacer? Por favor, piensa las