AURA.
El pánico nos hace volar por el pasillo. Christopher va por delante, con los pies descalzos golpeando el suelo con fuerza. Al llegar a la habitación de invitados, no es a Amaral a quien vemos en el suelo, sino a Lili.
El cuadro es desgarrador. Lili está encogida, con el rostro bañado en sudor y lágrimas, soltando alaridos que me parten el alma. Amaral está de rodillas a su lado, hiperventilando, con las manos temblando sin saber qué hacer.
—¡Estábamos jugando! —grita Amaral entre sollozos