AURA.
El olor a comida casera llena el aire y las risas de las chicas suavizan la tensión que Christopher y yo traemos de la calle. Lili sigue con nosotros; no ha querido dejarme sola y se ha integrado perfectamente al caos familiar de los Jones.
Christopher está sentado en la cabecera, pero su postura es distinta. De vez en cuando, su mano busca la mía por debajo de la mesa o me lanza una mirada que solo yo sé interpretar.
—Bueno, ya —suelta Elisa, dejando los cubiertos de lado y mirándonos co