AURA.
Entramos en la mansión en un silencio denso, pero esta vez no es el silencio de la guerra, sino el de una tregua forzada por el agotamiento. Lo guío hacia la cocina, un espacio inmenso de mármol blanco y acero inoxidable que parece demasiado aséptico para la sangre que Christopher lleva en las manos.
Lo obligo a sentarse en uno de los taburetes de la isla central. Busco el botiquín de primeros auxilios y una jarra con agua tibia. Él se deja hacer, con la mirada perdida en algún punto de l