NO TE VAYAS.
AURA.
El silencio de la mansión Jones es opresivo, una elegancia gélida que te cala hasta los huesos. Me quedé en el vestíbulo, tal como Christopher me ordenó, sintiéndome como una intrusa en un santuario que, minuto a minuto, me parecía más una prisión de cristal.
La ama de llaves se acercó con movimientos fantasmales. Su rostro, una máscara de cortesía profesional, no dejaba traslucir nada, aunque sospecho que en esta casa las paredes tienen oídos y cicatrices.
—¿Desea una taza de café, señor