CAPÍTULO 90: LA NOCHE EN QUE TODO CAMBIÓ.
La llamada de Montenegro aún resonaba en mis oídos cuando Rowan colgó el teléfono. Su rostro estaba tenso, pero sus ojos verdes intensos, se posaron en mí con una mezcla de preocupación y determinación.
—Alguien está investigando tu pasado, Vanesa —dijo, con la voz grave—. Alguien que afirma ser de la familia de tu padre.
—Mi padre... —repetí, sintiendo un nudo en el estómago—. Yo no tengo padre. Mi madre nunca quiso hablar de él. Solo me dijo que era un hombre peligroso.
Rowan se acercó a mí y