La amenaza de Ingrid había caído sobre nosotros como un mazazo. "Si no vienes, voy a destruir a Mateo." Las palabras resonaban en mi cabeza como un eco persistente, y la tensión en el despacho de Rowan era tan densa que casi podía cortarse con un cuchillo.
—¿Qué vas a hacer? —pregunté, sintiendo que el corazón se me aceleraba.
Rowan estaba de pie junto al ventanal, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el horizonte. Llevaba varios minutos en silencio, procesando la información, sopesan