La noche había caído sobre la mansión cuando Mateo llegó, esta vez con una carpeta de cuero gastada bajo el brazo. Rowan y yo lo esperábamos en el salón, con el corazón acelerado y la certeza de que lo que estaba por venir cambiaría todo.
—Tengo algo que necesitan ver —dijo Mateo, dejando la carpeta sobre la mesa de centro—. Son los documentos que Ingrid me envió cuando intentó convencerme de unirme a su plan.
Rowan tomó la carpeta y la abrió con manos temblorosas. Mientras sus ojos recorrían l