La reunión con Ingrid en aquel café discreto había sido un éxito. Las pruebas que Mateo había aportado, los documentos que Frank había presentado, y la frialdad con la que Rowan la había enfrentado, habían sido suficientes para derrumbar a la mujer que durante años había movido las piezas desde las sombras.
—Quiero que desaparezcas —le había dicho Rowan, con la voz helada—. Que me vendas tus acciones de Knight Corporation. Que te vayas de esta ciudad. Y que nunca vuelvas a molestar a mi familia