El sobre blanco temblaba entre mis dedos como si contuviera el peso de toda mi vida. Rowan estaba a mi lado, con el rostro tenso y los ojos fijos en el papel que acababa de abrir.
—¿Qué dice? —preguntó, con la voz baja.
No respondí. No podía. Mis ojos recorrieron las fotografías una por una, sintiendo que el mundo se detenía a mi alrededor.
La primera imagen era nítida, tomada con una cámara profesional desde un ángulo privilegiado. Allí estaba yo, con el vestido marfil que rozaba el suelo y la