El motor del auto se apagó en la entrada de la casa, pero el silencio que siguió no era el mismo de la mañana. Ya no había una nube gris flotando sobre ellos. Me giré desde el asiento del copiloto, apoyando el brazo en el respaldo para mirar a los niños.
—Muy bien, equipo —dije, usando un tono ligero—. Antes de que corran a cambiarse para el jardín, papá y yo queremos hablar un momento con ustedes en la sala.
Alessandro y Eric se miraron. Alessandro se encogió de hombros, saltando del auto con