Capítulo 28. Una noche que invita a la tormenta.
—¡Mi vida no es asunto tuyo! —exclamó Alina con dureza, apartando bruscamente la mano del hombre de chaqueta negra que le bloqueaba el paso. Su respiración estaba agitada, una mezcla de enojo y hastío. No le importaba que aquel hombre dijera ser enviado por Zack.
Sus pasos eran rápidos, los tacones golpeando el suelo del aparcamiento silencioso. Sin embargo, otro sonido de pisadas resonó detrás de ella. El hombre no se daba por vencido.
—Señorita, si se marcha sola, es muy peligroso —dijo, esta