Capítulo 33. Su pecho fue golpeado por miles de brasas ardientes.
Alina se vio obligada a pedirle a Zack que se metiera en su armario. No era sin motivo: según ella, aquel era el único lugar lo bastante seguro para ocultarlo de la mirada del señor Aaron.
—Alina, espera un momento… —Zack intentó detenerla, con el rostro tenso.
—¡Zack! ¡No tenemos mucho tiempo! —susurró Alina con pánico.
—Pero… —Zack todavía dudaba, mirando hacia la puerta de la habitación, que temblaba cada vez que se oían los golpes fuertes.
—¡Entra rápido! —susurró Alina con voz temblorosa p