Capítulo 13.
Las tres fotografías terminaron en el cajón de la mesita de noche de Isabella. La mujer, de mediana edad, estaba sentada al borde de la cama, el cuerpo estremeciéndose mientras intentaba contener la emoción. Lágrimas gruesas caían una a una, empapando el camisón que llevaba puesto. Su voz se quebró, susurrando al aire vacío.
—¿Cómo pudiste hacerme esto, Samuel?
Sus manos apretaron las sábanas, la voz alzándose. —¡No solo me mentiste a mí, sino también a Zack y a Moson! ¡Has ido demasiado lejos,