Génesis
Despierto con la sensación de que algo me está arrancando el aire desde dentro.
No es dolor al principio.
Es peor.
Es esa clase de vacío que llega justo antes de que el cuerpo entienda que algo va mal y empiece a gritarlo en todos los idiomas posibles. Abro los ojos de golpe y lo primero que veo es la penumbra gris de la habitación, la luz débil colándose por las cortinas y el fuego ya casi muerto en la chimenea.
Lo segundo que siento es el latido.
No el mío.
El suyo.
Fuerte. Demasiado