Genesis
Quiero negarlo.
Quiero decir que miente.
Pero el siguiente espasmo me dobla sobre la cama y me obliga a cerrar los ojos mientras el dolor atraviesa justo donde ella señaló.
Mi carne.
Mi sangre.
Mi cuerpo convertido en comida.
—¡Haz algo! —le grita Cassian a la anciana.
Ella no se inmuta.
—Ya te lo dije. La sangre vampírica la sostiene. No la cura.
Isolde se lanza sobre la mesa a buscar un frasco.
—Entonces le damos más.
—Y mañana necesitará el doble. Y después el triple. —La vieja por f