Génesis
—Se completó la concepción.
Las palabras me golpean otra vez, ahora más claras. Más brutales.
—No… —suelto una risa vacía, histérica—. No. No puedes decirlo así y esperar que yo…
—Está embarazada, Génesis.
El mundo se inclina. No sé si por el mareo o por el terror. Me aferro al borde del lavabo para no caer y niego con la cabeza una vez, dos, tres.
—Eso no es posible. Ayer… anoche… ni siquiera…
—No es un embarazo humano.
El silencio después de esa frase es absoluto. No se escucha nada.