Génesis
No es posible.
No es posible.
Pero está ahí.
Frente a mí.
Imposible y real.
Un sonido extraño se escapa de mi boca. No sé si es un gemido, un jadeo o el inicio de un grito. Llevo una mano a mi vientre por puro instinto, como si solo así pudiera protegerme de algo que ya está dentro de mí.
—Dios mío…
—Aquí no tiene nada que ver Dios —dice él, y su voz suena más grave, más oscura, más aterradora.
Me tropiezo al retroceder hasta que mi espalda golpea la pared.
—Me mentiste.
—Le oculté inf