Cassian
La vieja extiende la mano.
En la palma lleva una bolsita de cuero oscuro atada con un hilo rojo.
—Esto es para la fiebre —dice—. Hierbas para contenerla. No curan. Sostienen.
La miro.
No tomo la bolsa de inmediato.
—¿Y por qué debería confiar en ti?
Ella sonríe apenas.
—No deberías. Pero ella necesita llegar viva hasta que yo la vea de cerca. Y tú necesitas algo que ofrecerle al castillo además de colmillos y amenazas.
Lucien me observa. Espera. El bosque también.
La fiebre de Génesis s