Cassian
Cuando salgo de la sala del consejo, no voy a mis habitaciones.
No podría respirar allí todavía.
La furia de Selene sigue pegada a mi piel, el eco de sus palabras todavía vibra bajo mis costillas y el olor de la mesa del consejo —miedo, mentira, arrogancia envejecida— me dejó la boca llena de hierro. Si entro a mis habitaciones así, voy a romper algo. Y no quiero que Génesis me vea llegar de ese modo. No esta vez.
Así que camino.
Atraveso el corredor oeste, bajo por la galería de piedra