Cassian
Selene habla entonces.
Y la maldigo antes de mirarla.
Porque sí, está aquí.
La trajeron bajo escolta y la mantuvieron a un lado del salón durante los primeros minutos, silenciosa, hermosa, con el mentón alto y las muñecas libres solo porque todavía nadie se atreve a tratar a una D’Arcy como a una criminal sin una declaración formal. Se ha mantenido quieta hasta ahora, escuchando cómo la mesa gira alrededor de Génesis, del niño, del bosque y de mi paciencia.
—Qué conmovedor —dice con sua