Genesis
No quiero desayunar en la habitación.
No quiero pensar en la cama todavía tibia, ni en lo que cambió anoche, ni en la forma en que el niño parece más tranquilo desde entonces, como si el vínculo entre sus padres le hubiera ordenado el mundo.
Así que, cuando Helena entra más tarde con la bandeja, me encuentra ya vestida y peinada.
—Quiero salir —digo antes de que hable.
Ella deja la bandeja en la mesa y me mira con esa calma suya que a veces me da ganas de empujarla solo para ver si algu