Génesis
Despierto antes que la luz.
No sé qué me saca del sueño primero: el calor extraño de una mano sobre mi vientre, el peso firme de un brazo rodeándome la cintura o la certeza absurda de que, por una vez, no estoy sola.
Abro los ojos despacio.
Las cortinas siguen medio cerradas y la habitación respira en penumbra, con el fuego de la chimenea reducido a brasas rojizas y la lluvia de la noche convertida en un murmullo distante contra los ventanales. Estoy acostada de lado, con la espalda peg