Genesis
Me siento frente a él en la cama. No demasiado cerca al principio. Lo justo para limpiar la sangre sin rozar más de la cuenta. Pero las distancias se vuelven absurdas muy rápido cuando una está tan pendiente del cuerpo del otro.
El agua se tiñe de rojo en cuanto paso el paño.
Cassian no aparta la mirada de mi cara.
Eso me pone nerviosa.
—¿Qué? —pregunto.
—Te preocupaste.
Pongo los ojos en blanco para ocultar el latido traidor que me sube a la garganta.
—Vuelve a decir algo tan arrogante