Génesis
—Ahora sí.
La respuesta de Cassian me golpea más fuerte que el ataque de Selene.
No por las palabras. Por cómo las dice. Como si el dolor en su hombro, la niebla, la sangre en el barro y la locura que acaba de desatarse alrededor no importaran tanto como mirarme a mí y asegurarse de que sigo de pie.
No sé en qué momento mis dedos dejan de temblar sobre su herida y empiezan a aferrarse a él de verdad. Solo sé que está aquí. Que no cayó. Que Selene no logró atravesarle el pecho. Que sigue