Cassian
La tormenta me alcanza antes de que el bosque termine de tragarse el último rastro de la fortaleza del norte.
La nieve deja de caer como un susurro y empieza a golpearme el rostro como agujas. El caballo resopla, nervioso, y los dos guardias que cabalgan detrás de mí bajan la cabeza para cubrirse del viento. Las ramas negras crujen sobre nosotros. La noche está viva de una forma incorrecta. No solo por la tormenta. Por algo más.
Lo siento.
Primero como una incomodidad leve en la nuca.
D