Cassian
El monstruo se sacude una última vez y queda inmóvil.
La manada duda.
Solo un segundo.
Eso me confirma lo que ya intuía: este era el dominante. El que marcaba el ritmo. El que mantenía el círculo cerrado.
—¡Ahora! —grito a los guardias.
El sobreviviente carga con todo lo que le queda y atraviesa a uno por el pecho. El otro guardia, el herido del hombro, no llega a levantarse a tiempo. Dos lobos se le echan encima. Oigo el crujido del cuello aun por encima del viento.
No miro.
No puedo p