Genesis
Dos días después, el castillo se siente especialmente pesado.
No por guerra. No por gritos. Por una quietud tensa que me ahoga entre piedra y pasillos. Klaus también está inquieto. Ha dormido poco. Se ha quedado demasiado rato mirando las esquinas de la habitación como si esperara ver salir a alguien de allí. Y yo… yo tengo esa sensación desagradable de estar respirando aire que ya se usó demasiado.
Así que tomo una decisión.
—Voy a sacarlo a pasear —le digo a Helena.
Ella alza una ceja