Cassian
La mansión huele a nervios cuando regresamos.
Los criados apartan la vista. Un noble del norte se hace a un lado con tanta rapidez que parece haber olido en mí algo peor que sangre. Bien. Que siga oliéndolo. No estoy de humor para cortesías.
Conduzco a Génesis directo a nuestras habitaciones. No la suelto hasta cerrar la puerta. Solo entonces me vuelvo hacia ella y la examino otra vez. La piel. La respiración. Los ojos. El pulso en el cuello. Todavía lleva la noche encima, pero ya no la