Genesis
No deja de mirar hacia el bosque.
La frase de Helena me arranca el sueño, el calor de la cama y el poco equilibrio que me quedaba después de haberme dormido un rato con el pecho todavía lleno de Cassian.
Me incorporo de golpe.
Todavía siento su olor en mi piel, su mano en mi cintura, la forma en que hace solo unos minutos me juraba cosas con la boca y con el cuerpo, como si una noche bastara para robarnos un poco de normalidad.
Qué estúpida fui al creer que el mundo nos dejaría quedárno