Genesis
Ahora vienen por los dos.
La frase de Cassian cae en la habitación como una cuchilla que no termina de hundirse porque primero quiere asegurarse de que yo la vea brillar.
Miro el mechón de cabello en mi mano.
Oscuro. Suave. Mío.
Lo reconozco con una certeza tan íntima que me da náuseas. No porque sea una prueba. Porque es una invasión. Porque alguien estuvo lo bastante cerca de mí como para cortarlo sin que lo supiera. En este cuarto. En esta cama. En un momento en que yo quizá dormía,