Genesis
El bosque no se parece al de las pesadillas cuando entras en él de día.
Sigue siendo oscuro. Sigue oliendo a tierra húmeda, ramas y secretos. Pero ahora lo siento de otra forma. Más cerca. Más legible. Los sonidos se separan entre sí. Puedo distinguir un pájaro a la izquierda, un arroyo a la distancia, el paso rápido de algo pequeño bajo los arbustos, incluso el roce de la ropa de Lucien al moverse a mi lado.
—No me mires así —dice sin volver la cabeza.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras d