Cassian
La veo antes de que ella me vea a mí.
Sale del corredor sur con barro en las botas, el cabello un poco revuelto por el viento, una hoja corta en el cinto y el olor del bosque pegado a la piel como una provocación. Detrás viene Lucien, demasiado tranquilo, demasiado satisfecho consigo mismo, con esa sonrisa apenas insinuada que siempre me dan ganas de romperle en la cara.
Y por primera vez en siglos entiendo algo ridículo, primitivo e insoportable:
los celos tienen olor.
A hierro.
A rabi