Génesis
Volver al castillo debería hacerme sentir a salvo.
No lo hace.
Me hace sentir… distinta.
Demasiado despierta.
Demasiado viva.
Demasiado consciente de todo.
Del roce de la manta sobre mi piel. Del latido pequeño y fuerte de mi hijo en brazos de Helena mientras subimos la escalera. Del olor de la sangre seca en la ropa de Cassian. Del humo en las antorchas. De la humedad entre las piedras. Del pulso de cada guardia que baja la cabeza cuando pasamos.
Y, por encima de todo, de la criatura nu