Alexander
El silencio es una maldita tortura.
No el silencio común, ese que se siente cuando estás solo en tu oficina con un buen whisky y demasiados millones que no llenan ni una sombra. No. Me refiero al tipo de silencio que cae cuando ella deja de mirarte como antes, cuando sus ojos ya no brillan de rabia o deseo, sino de decepción.
Sofía está sentada al otro lado del salón, con las piernas cruzadas y la mirada clavada en un punto invisible frente a ella. No me habla. Y lo peor es que no ten