Alexander
La madrugada aún no había cedido completamente a la luz cuando abrí los ojos. Me tomó unos segundos recordar dónde estaba… y con quién. El cuerpo cálido que había reposado junto al mío hasta hacía poco ya no estaba ahí, pero la sábana arrugada y el perfume suave que se impregnó en mis sentidos confirmaban que no había sido un sueño.
Sofía.
Mi caos. Mi paz.
Estaba en mi habitación, en mi cama, enredada conmigo. Había entregado más que su cuerpo: me ofreció su vulnerabilidad, su confian