Sofía
Intenté dormir. Juro que lo intenté. Pero mi mente, esa traicionera con voz propia, decidió reproducir en bucle la mirada de Alexander anoche. Esa mezcla de tormenta y confesión no dicha, como si hubiera estado a punto de abrirse por completo… y luego se hubiera tragado sus propias palabras.
Estaba temblando, literalmente temblando cuando dijo que yo no debía acercarme. Y no era una advertencia. No. Era un ruego.
Y ese ruego me está matando.
Por eso esta mañana me levanté antes de que son