Epílogo: El Amanecer del Eclipse:Tres lunas han pasado desde que el mármol del Capitolio se tiñó con la sangre de los falsos dioses. El aire en el Dominio de Bastión ya no sabe a carbón ni a grasa de motor; ahora, cuando el viento sopla desde el norte, trae consigo el aroma a tierra mojada y a pinos jóvenes. El cielo ya no es una losa de plomo, sino un lienzo de azules claros que parecen pedir perdón por haber estado ocultos tanto tiempo.
Me encuentro en el balcón de la Ciudadela de Cristal Neg