Capítulo 1: El despertar de la loba proscrita
El frío de las piedras de la celda no era nada comparado con el hielo que se había instalado en el pecho de Selene. Recordaba su muerte. Recordaba el s@ngriento final de su vida anterior, donde el Alfa Silas, el hombre al que ella había servido con una devoción ciega, la había entregado a los cazadores para salvar su propio territorio.
—Lo hice por la manada, Selene —le había susurrado él mientras ella se desangraba—. Las omegas son reemplazables. E