El estruendo de la guerra en la costa era un eco lejano para Elara mientras se adentraba en las criptas del castillo junto a Silas. Arriba, el cielo se teñía de un violeta enfermizo. Alistair estaba en las murallas, y cada vez que su espada segaba una vida enemiga, Elara sentía un latigazo de poder oscuro recorriendo su propio sistema nervioso.
—Aquí está —susurró Silas, señalando una losa de piedra negra en el centro de la cámara subterránea—. El Altar del Primer Pacto.
Elara abrió el libro de